( A Emilio Rodrigué, Psicoanalista y Escritor )
Durante años y años
la habitación quedó a oscuras.
Sólo un centelleo ocasional
entre siglos y siglos...
Un hombre hibernando
a través de los siglos
flotando inconcientemente
en un gélido tanque,
su aletargado ser flotando
ajeno a todo.
El deseo encendió un destello:
una mesozoica hormiga concupisciente.
Una mujer joven,
¿veinte? ¿treinta? ¿cuarenta años?
de pié, curiosa saludó.
El hombre, metido ahora en su gota de ámbar
devolvió el saludo
pasó entre los pechos y nalgas
de la mujer con voluptuosa lentitud
en que se viaja
dentro de una lágrima de ámbar.
(El hombre sufrió la cirugía
de implante de una nueva alma.)
La inmortalidad dejó así de ser
un simple vacío futuro,
un pluscuamperfecto sin límites,
un dígito seguido de muchos ceros
y después otro más,
la inmortalidad era ahora
un propósito, un plan...
Durmió después
durante siglos y siglos.
La habitación quedó a oscuras.
El hombre hibernaba
flotando inconcientemente
en un tanque de agua fría
acariciado por algas de dakron.
El universo es un gran campo ( su campo )
y los soles como manzanas doradas.
Los mil, los cien mil años
de su próximo sueño no eran
ni cortos ni largos.
Eran... simplemente eran.
EDUARDO MORGUENSTERN
No hay comentarios:
Publicar un comentario