No tiene el viento
la danzante ondulación de tu pelo
que acaricia lujurioso tu espalda,
seductor terciopelo de leopardo,
tan felina...
Ni tiene el agua
cautivante y misteriosa de la fuente
en sus profundidades cristalinas
ese verde embriagante de tus ojos
de ondina...
Ni tiene el fuego
ese rojo hechizante de tu boca
ni el calor abrasador que quema el alma
si tú suspiras y yo sediento bebo
tu suspiro.
No tiene el lirio
la belleza, la tersura encantadora
de tus suaves senos, tibias palomas,
frutas jugosas que mis ávidos labios
tanto ansían,
Ni has de tener tú
prohibida Eva paradisíaca
quien renuncie al Edén como yo por tu amor,
tu hipnótica víctima, si encuentras mis ojos
cuando miras.
No he de tener yo
ocasión de escapar de la gran seducción
de posarme en la planta carnívora
de tus labios abiertos que al beso obligan,
flor maldita...
Eduardo A. Morguenstern
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