Mensaje de bienvenida

En esta sección se ofrecen algunos cuentos de mi autoría. También encontrarás poemas, ensayos y opiniones varias. No pretendo "saber" escribir, más allá de lo aprendido en la escolaridad primaria y secundaria. Tampoco, advierto, tener "un mensaje" que trasmitir, pues creo que ya está escrito todo lo importante que deba decirse y que ello parece exigir una preparación o erudición de la que carezco. Me cae bien aquello que escribió Anthony de Mello en el "Canto del pájaro" y que dice algo así como que el pájaro canta porque es su naturaleza cantar, y no porque tenga un mensaje que trasmitir.

En mi caso, libre de decir que no asistí a clase alguna de escritura, lo hago, sin embargo, impelido por la tenaz presión de locos dáimones internos, que moran desordenadamente en los mundos infiernos de mi inconsciencia, contra los que pese a mis honestos esfuerzos nada consigo para evitarlo o poner algún orden. ¡Quién puede hacerlo!

Tal vez haya algo que pueda entretener al lector, tal vez sirva a algunos para ensayar la crítica, tal vez a algunos le resulte agradable alguna producción. Ninguna de esas opciones constituyen una meta por mi parte.

Serán valorados y muy respetados los comentarios que se envíen, cuando sean decorosos. Reciban mis deseos de paz y de todo lo mejor.

EAM.

viernes, 9 de agosto de 2013

LA SEDUCTORA




No tiene el viento
la danzante ondulación de tu pelo
que acaricia lujurioso tu espalda,
seductor terciopelo de leopardo,
tan felina...

Ni tiene el agua
cautivante y misteriosa de la fuente
en sus profundidades cristalinas
ese verde embriagante de tus ojos
de ondina...

Ni tiene el fuego
ese rojo hechizante de tu boca
ni el calor abrasador que quema el alma
si tú suspiras y yo sediento bebo
tu suspiro.

No tiene el lirio
la belleza, la tersura encantadora
de tus suaves senos, tibias palomas,
frutas jugosas que mis ávidos labios
tanto ansían,

Ni has de tener tú
prohibida Eva paradisíaca
quien renuncie al Edén como yo por tu amor,
tu hipnótica víctima, si encuentras mis ojos
cuando miras.

No he de tener yo
ocasión de escapar de la gran seducción
de posarme en la planta carnívora
de tus labios abiertos que al beso obligan,
flor maldita...

Eduardo A. Morguenstern

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