El reloj está arrojando mi esperanza
(esperanza sin grosor y sin anchura)
A los sombríos rincones de la nada.
Mientras el tiempo burlonamente pasa
anega mis recuerdos la fría lluvia.
“Vendré..” –dijiste esbozando una promesa-
“…si logro conjurar tanta amargura
y el sordo rencor que me atormentan
Y si no vengo, olvídame. Transcurran
nuestras vidas sin amor mas sin ofensas
y los días insípidos parezcan
de nuestras memorias opacos espejos.
Sé que si voy los besos que subyugan
darán al viejo amor nuevo aleteo
por más que hoy sus ruinosas alas luzca”
¡Veleidosa mujer, cita insegura!
¿Vendrá a las diez o no? Si se apresura,
Si el viejo rencor que la alimenta
y la hiel en su alma sedimentan
ante los viles reclamos del deseo.
Los minutos huidizos cual serpientes
su rastro sinuoso dejan en el tiempo.
Y llueve. Y espero. Y maldigo. Y no viene.
Eduardo Morguenstern
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