Mensaje de bienvenida

En esta sección se ofrecen algunos cuentos de mi autoría. También encontrarás poemas, ensayos y opiniones varias. No pretendo "saber" escribir, más allá de lo aprendido en la escolaridad primaria y secundaria. Tampoco, advierto, tener "un mensaje" que trasmitir, pues creo que ya está escrito todo lo importante que deba decirse y que ello parece exigir una preparación o erudición de la que carezco. Me cae bien aquello que escribió Anthony de Mello en el "Canto del pájaro" y que dice algo así como que el pájaro canta porque es su naturaleza cantar, y no porque tenga un mensaje que trasmitir.

En mi caso, libre de decir que no asistí a clase alguna de escritura, lo hago, sin embargo, impelido por la tenaz presión de locos dáimones internos, que moran desordenadamente en los mundos infiernos de mi inconsciencia, contra los que pese a mis honestos esfuerzos nada consigo para evitarlo o poner algún orden. ¡Quién puede hacerlo!

Tal vez haya algo que pueda entretener al lector, tal vez sirva a algunos para ensayar la crítica, tal vez a algunos le resulte agradable alguna producción. Ninguna de esas opciones constituyen una meta por mi parte.

Serán valorados y muy respetados los comentarios que se envíen, cuando sean decorosos. Reciban mis deseos de paz y de todo lo mejor.

EAM.

martes, 6 de agosto de 2013

PAREIDOLIAS.



PAREIDOLIAS
(Imágenes de la fantasía, que se reconocen como irreales, pero se generan de percepciones normales, como cuando se imaginan formas en las nubes o en las manchas. El autor)

Te imaginé ¡ay! bajando a mí
oculta en las azules flores
de lapachos septembrinos
en helicoidales danzas.

Alguna vez te insinuabas
con perfil evanescente
en la ígnea lengua vacilante
del candil de mi íntimo rincón.

Y creía con asombro, ver el brillo
de tus ojos de topacio
generando en cada gota
del rocío de la aurora su fulgor.

Te he intuido, enamorado,
en las delicadas fragancias
que el aire trae del valle
en las veraniegas tardes

y te adivinaba, solazado,
en el trino de las aves
que bendicen mis balcones
en las límpidas mañanas.

Habría jurado, a veces,
que en las volutas grises
de los humos de mi pipa
en volátiles danzas te elevabas...

...o que en las irreales cadencias
del Rêverie de Debussy
con voz de náyade nocturna
me nombrabas...

Y supe que como un efecto de opio,
el amor, con la distancia,
con ilusiones del alma
nos consuela y nos embriaga...

Eduardo Morguenstern

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