Mensaje de bienvenida

En esta sección se ofrecen algunos cuentos de mi autoría. También encontrarás poemas, ensayos y opiniones varias. No pretendo "saber" escribir, más allá de lo aprendido en la escolaridad primaria y secundaria. Tampoco, advierto, tener "un mensaje" que trasmitir, pues creo que ya está escrito todo lo importante que deba decirse y que ello parece exigir una preparación o erudición de la que carezco. Me cae bien aquello que escribió Anthony de Mello en el "Canto del pájaro" y que dice algo así como que el pájaro canta porque es su naturaleza cantar, y no porque tenga un mensaje que trasmitir.

En mi caso, libre de decir que no asistí a clase alguna de escritura, lo hago, sin embargo, impelido por la tenaz presión de locos dáimones internos, que moran desordenadamente en los mundos infiernos de mi inconsciencia, contra los que pese a mis honestos esfuerzos nada consigo para evitarlo o poner algún orden. ¡Quién puede hacerlo!

Tal vez haya algo que pueda entretener al lector, tal vez sirva a algunos para ensayar la crítica, tal vez a algunos le resulte agradable alguna producción. Ninguna de esas opciones constituyen una meta por mi parte.

Serán valorados y muy respetados los comentarios que se envíen, cuando sean decorosos. Reciban mis deseos de paz y de todo lo mejor.

EAM.

miércoles, 21 de agosto de 2013

CALLAR... (Tanka)



(Tanka: estilo japonés antiguo formado por pentasílabo, heptasílabo, pentasílabo y termina con 2 heptasílabos)

Fue tu mirada
tan fría que congeló
mi expectativa.

No osé hablar. Entendí.
No es tiempo todavía.


Eduardo Morguenstern

POR FIN...



(ensayo de 4 sextillas a pie quebrado)
Que por seguir soñándote
creo seguir amándote,
¿Será así?

Los sueños fantasías son
Que confunden al corazón.
Es así.

Desprecié la realidad,
me fabriqué una verdad
para mí.

Muy caras las consecuencias
de esta nefasta experiencia
las viví.

Derroché horas y días
en infinita porfía
baladí.

De ese sueño he despertado
Y hoy me siento liberado.
¡Ah! ¡Por fin!

Eduardo Morguenstern

miércoles, 14 de agosto de 2013

RETRATO DE MI AMADA





Cae sobre mí tu risa
mi amor
como los tenues pétalos
de tiernas rosas
que me bendicen
cuando me tocan.

Llegan a mí tus voces
mi amor
como a la seca tierra en estío ardiente
las frescas gotas
de la llovizna calman
cuando la mojan.


Y tus suspiros
mi amor,
y tus canciones,
rumores son de la agüita clara
de los manantiales
que alegres bajan de la montaña.

Y como las abejas
mi amor,
que del néctar gozan,
vienen los besos de miel y frutas,
que generosa, que seductora,
a mi hambre y sed trae tu boca.

De los jacintos la azul fragancia
en ti pervive y tú la irradias
mi amor,
como una atmósfera
que enciende vida, y brilla en todo
lo que tú tocas
y lo transforma..


Pues tu presencia
mi amor,
todo lo llena, en todo aflora,
con esa magia vivificante
que tú provocas.

Eduardo Morguenstern

UNA LENTA LAGRIMA DE AMBAR




( A Emilio Rodrigué, Psicoanalista y Escritor )


Durante años y años
la habitación quedó a oscuras.

Sólo un centelleo ocasional
entre siglos y siglos...

Un hombre hibernando
a través de los siglos
flotando inconcientemente
en un gélido tanque,
su aletargado ser flotando
ajeno a todo.

El deseo encendió un destello:
una mesozoica hormiga concupisciente.
Una mujer joven,
¿veinte? ¿treinta? ¿cuarenta años?
de pié, curiosa saludó.

El hombre, metido ahora en su gota de ámbar
devolvió el saludo
pasó entre los pechos y nalgas
de la mujer con voluptuosa lentitud
en que se viaja
dentro de una lágrima de ámbar.

(El hombre sufrió la cirugía
de implante de una nueva alma.)

La inmortalidad dejó así de ser
un simple vacío futuro,
un pluscuamperfecto sin límites,
un dígito seguido de muchos ceros
y después otro más,
la inmortalidad era ahora
un propósito, un plan...

Durmió después
durante siglos y siglos.

La habitación quedó a oscuras.
El hombre hibernaba
flotando inconcientemente
en un tanque de agua fría
acariciado por algas de dakron.

El universo es un gran campo ( su campo )
y los soles como manzanas doradas.

Los mil, los cien mil años
de su próximo sueño no eran
ni cortos ni largos.
Eran... simplemente eran
.

EDUARDO MORGUENSTERN