desprenden sus raíces sumergidas
que sigilosamente penetran
las húmedas y santas vísceras
del vientre cálido y fecundo de la Tierra...
emiten un canto inaudible y nacarado
millones de bacterias y oscuros hongos
pútridos y microscópicos
ciñendo a cada pelo de raíz, embelesados.
a las raicillas piliformes e invisibles
forma la savia que en límpidas corrientes
suben hacia el tronco en sutil ritmo
de inaudibles e inefables sínfonías,
y el árbol crece por micrones cada día
aunque el lerdo ojo humano no lo vea,
y sus sordos sentidos del oído
tan magníficos conciertos no perciban.
finas voces de sibilantes melodías
que al oído del poeta son rapsodias
a la gloria del Creador del Universo
entonadas con las fuerzas de la vida
natural de tan gentil polifonía
los zorzales cantan en coro majestuoso
de bajos, contraltos, tenores y sopranos
una inmortal versión de la Oda a la Alegría...

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