Mensaje de bienvenida

En esta sección se ofrecen algunos cuentos de mi autoría. También encontrarás poemas, ensayos y opiniones varias. No pretendo "saber" escribir, más allá de lo aprendido en la escolaridad primaria y secundaria. Tampoco, advierto, tener "un mensaje" que trasmitir, pues creo que ya está escrito todo lo importante que deba decirse y que ello parece exigir una preparación o erudición de la que carezco. Me cae bien aquello que escribió Anthony de Mello en el "Canto del pájaro" y que dice algo así como que el pájaro canta porque es su naturaleza cantar, y no porque tenga un mensaje que trasmitir.

En mi caso, libre de decir que no asistí a clase alguna de escritura, lo hago, sin embargo, impelido por la tenaz presión de locos dáimones internos, que moran desordenadamente en los mundos infiernos de mi inconsciencia, contra los que pese a mis honestos esfuerzos nada consigo para evitarlo o poner algún orden. ¡Quién puede hacerlo!

Tal vez haya algo que pueda entretener al lector, tal vez sirva a algunos para ensayar la crítica, tal vez a algunos le resulte agradable alguna producción. Ninguna de esas opciones constituyen una meta por mi parte.

Serán valorados y muy respetados los comentarios que se envíen, cuando sean decorosos. Reciban mis deseos de paz y de todo lo mejor.

EAM.

lunes, 20 de julio de 2015

MUSICA EN EL ARBOL...


Misteriosos silbidos subterráneos
desprenden sus raíces sumergidas
que sigilosamente penetran 
las húmedas y santas vísceras
del vientre cálido y fecundo de la Tierra...
Como guantes delicados y sedosos
emiten un canto inaudible y nacarado
millones de bacterias y oscuros hongos
pútridos y microscópicos
ciñendo a cada pelo de raíz, embelesados.
Y el agua pura que absorben y que ceden
a las raicillas piliformes e invisibles
forma la savia que en límpidas corrientes
suben hacia el tronco en sutil ritmo
de inaudibles e inefables sínfonías,
y el árbol canta, enamorado de la vida
y el árbol crece por micrones cada día
aunque el lerdo ojo humano no lo vea,
y sus sordos sentidos del oído
tan magníficos conciertos no perciban.
Con las ramas y las hojas pone el viento
finas voces de sibilantes melodías
que al oído del poeta son rapsodias
a la gloria del Creador del Universo
entonadas con las fuerzas de la vida
y como broche de oro en el ensamble
natural de tan gentil polifonía
los zorzales cantan en coro majestuoso
de bajos, contraltos, tenores y sopranos
una inmortal versión de la Oda a la Alegría...

EDUARDO MORGUENSTERN

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