Mensaje de bienvenida
En esta sección se ofrecen algunos cuentos de mi autoría. También encontrarás poemas, ensayos y opiniones varias. No pretendo "saber" escribir, más allá de lo aprendido en la escolaridad primaria y secundaria. Tampoco, advierto, tener "un mensaje" que trasmitir, pues creo que ya está escrito todo lo importante que deba decirse y que ello parece exigir una preparación o erudición de la que carezco. Me cae bien aquello que escribió Anthony de Mello en el "Canto del pájaro" y que dice algo así como que el pájaro canta porque es su naturaleza cantar, y no porque tenga un mensaje que trasmitir.
En mi caso, libre de decir que no asistí a clase alguna de escritura, lo hago, sin embargo, impelido por la tenaz presión de locos dáimones internos, que moran desordenadamente en los mundos infiernos de mi inconsciencia, contra los que pese a mis honestos esfuerzos nada consigo para evitarlo o poner algún orden. ¡Quién puede hacerlo!
Tal vez haya algo que pueda entretener al lector, tal vez sirva a algunos para ensayar la crítica, tal vez a algunos le resulte agradable alguna producción. Ninguna de esas opciones constituyen una meta por mi parte.
Serán valorados y muy respetados los comentarios que se envíen, cuando sean decorosos. Reciban mis deseos de paz y de todo lo mejor.
EAM.
jueves, 23 de julio de 2015
LUZ DIVINA.
lunes, 20 de julio de 2015
LA TRAICIÓN.
PALABRAS NUNCA DICHAS
MUSICA EN EL ARBOL...
desprenden sus raíces sumergidas
que sigilosamente penetran
las húmedas y santas vísceras
del vientre cálido y fecundo de la Tierra...
emiten un canto inaudible y nacarado
millones de bacterias y oscuros hongos
pútridos y microscópicos
ciñendo a cada pelo de raíz, embelesados.
a las raicillas piliformes e invisibles
forma la savia que en límpidas corrientes
suben hacia el tronco en sutil ritmo
de inaudibles e inefables sínfonías,
y el árbol crece por micrones cada día
aunque el lerdo ojo humano no lo vea,
y sus sordos sentidos del oído
tan magníficos conciertos no perciban.
finas voces de sibilantes melodías
que al oído del poeta son rapsodias
a la gloria del Creador del Universo
entonadas con las fuerzas de la vida
natural de tan gentil polifonía
los zorzales cantan en coro majestuoso
de bajos, contraltos, tenores y sopranos
una inmortal versión de la Oda a la Alegría...
LA ILUSION ES UN CISNE HERIDO.
Nota a nota, tristemente
el piano desgranaba su canción
que en sus lánguidos compases
deshojaba una ilusión
que simplemente
así de mí se despedía,
ilusiones vencidas, incapaces
de volar, cisnes heridos,
hasta un acaso alguna tarde,
hasta la luz de una sonrisa,
hasta los ojos humedecidos
del encuentro
hasta el abrazo estrecho,
hasta los besos.
destinos posibles no vividos,
ilusiones de alas rotas,
que el viejo piano entristecido,
deshoja su lamento, nota a nota...
Eduardo Morguenstern
LOS ZORZALES...
¡Volvieron ya los zorzales
atraídos por tu alegría
cuando a la ventana sales
recién amanecida...!
¡Volvieron y harán sus nidos
bajo el alero de los balcones
que dan al jardín florido
de azaleas y malvones!
¡Y alegrarán sus trinos
tus tardecitas serenas
en que tus versos encendidos
agregues a un nuevo poema!
( ¿Te contarán que te espero
en mis noches de vigilia
mientras tejo verso a verso
la ilusión de verte mía...? )
EDUARDO MORGUENSTERN
HISTORIA EN "ARTE"
Pensarte, encontrarte,
desearte... tenerte,
amarte, besarte,
gozarte.
Irte... alejarte,
dormir y soñarte,
despertar y esperarte,
extrañarte, no hallarte,
y volver a esperarte.
Rogar, suplicarte
para luego odiarte,
soltarte...
Olvidarte.
EDUARDO MORGUENSTERN
viernes, 17 de julio de 2015
Oye, recuerdo:
hagamos un pacto.
Tú ya no me asedias
y yo ya no te evoco,
No me vuelvas loco
a cada momento
con intromisiones
tan inoportunas,
parte, aléjate un poco,
déjame que viva
de cosas presentes,
basta, no me tientes
con besos pasados
y pasiones añejas
que hiel han dejado
en los corazones.
Quiero que florezcan
los nuevos retoños
de promesas frescas,
renovar la tierra
y agregar abono
y esperar tranquilo
mientras tejo letras
en paz en mi otoño.
Oye, recuerdo,
toma tu mochila
y parte y no regreses
y no me escarnezcas
con perfumes rancios
de amores ya muertos
a menos que traigas
vivencias de infancia,
primaveras, rosas,
soles, arenas, playas
de mi adolescencia,
y las enseñanzas
de aquella maestra,
las tiernas caricias
de mi madre joven,
y la risa franca
de mi heroico padre,
en sus anécdotas
de mil aventuras.
Tráeme agua fresca,
mientras bajo el olmo
de mis más de cincuenta
en mediano otoño
yo tejo mis letras...
EDUARDO MORGUENSTERN
7 de noviembre de 2008
¡ Ese orgullo! Una flecha
con la punta de obsidiana
que me aciertas y se clava
en mi débil corazón
Y en el rictus de tus labios
se dibuja aquel desprecio,
(Aquellos ¡Ay! que me han besado
con mayúscula fruición)
Hoy dan frígidas sonrisas
impregnadas de ironías
en la fúnebre ordalía
de prejuicios sin razón.
¡Y se muere! ¡No ardan velas
en tal fúnebre fox- trot,
ya no más fotonovelas
ni forzadas operetas de ocasión!
¡Que tu orgullo y tu desprecio
han logrado que haya espanto
donde hubieron (y hubo tantos)
himnos épicos de amor!
Eduardo Morguenstern
Amigo, mi alma inquieta
se irrita ante las barreras
que le imponen día tras día
las mundanas exigencias
que le recortan las alas,
que la oprimen con sus lastres
las cotidianas tareas.
Ella sueña con ser libre
(consumada aventurera)
y correr libres galopes
por las extensas praderas
sintiendo el golpe del viento
flameando en plena fuerza...
Mi alma, amigo, precisa
perderse en la Cordillera
y en los ríos de montaña
contagiarse de pureza
y absorber las solideces
de las milenarias piedras
que encierran mudos enigmas
de cuando parió la Tierra
Y por los escabrosos pasos
tomar las cimas por meta
donde los cóndores gozan
de la soledad perfecta.
Gusta adentrarse en las grutas
donde lo ominoso vela
el oro, el ónix y el cuarzo
como atento centinela.
Quiere, hija del misterio,
extraviarse en lo denso
de la Amazonia profunda
(hembra de sin par belleza)
palpitante y sudorosa
con sus lianas y serpientes,
sus humedales y fieras.
El alma, amigo, se oprime,
se marchita y pone tiesa
en la batahola urbana
que busca el pan y monedas.
¡Pobre alma aventurera!
¡mírala como se aburre,
mírala como bosteza
como un león enjaulado
en su miserable celda!
ahora percibes, amigo
¡porqué tan solo de a gotas
me trasmite algún poema!
EDUARDO MORGUENSTERN
Hoy no habré de hilvanar letra ninguna
por más que lo intente, hay dentro de mí una sequía,
que amordaza a las musas y nada se me ocurre
a la hora vespertina de la poesía.
Se niegan hoy a trabajar por rebeldía
mis internos escribas,
hoy no habrá función, la sala está vacía
y las luces no se encienden
y permanecen cerrados los telones.
En el frente del alma hay un cartel
que anuncia clausurado por el día
Hoy no habrá otra historia de amor
con sus tristes desengaños,
tampoco esperes los ardores
de los besos prohibidos ni los ayes
de los amantes furtivos que en la noche
cómplice se relamen la lujuria de los labios.
No estarán hoy abiertas las ventanas
al perfume del jardín y sus magnolias
ni evocarán por hoy su dulce voz los trinos
de los alegres pájaros de otras historias.
Seca y fría me parece hoy la fuente
de los profundos sentimientos que otros días
corrían hacia el papel apretujados,
No vinieron esta tarde a pintarme una poesía.
La musa calla o duerme, hoy es feriado.
Las estrofas hoy no brotan del silencio
como en la alta noche nos sorprenden los disparos.
Las palabras vagabundean perezosas e inconexas,
en la inercia falaz de los versos sin sentido,
como vuelan al azar los ciegos pájaros.
Descansa, pues, vencida ya la pluma inerte
que hoy no habrá poesía, ni la escribo,
por más que lo desee y que lo intente.
Triste es decirlo: "El salón estará cerrado por el día".
EDUARDO MORGUENSTERN
Cuando me es posible de la celda escapo
al jardín del alma a recoger los versos
que suelen descender desde algún cielo,
(sé que como siempre tendré un corto tiempo...)
Correré luego a encender gran silencio,
puede ser que haya suerte, debo estarme quieto,
aguzando oídos y ojos, relajando el cuerpo...
Esperaré que acudan esos sentimientos
y abriré la talega donde guardo los versos.
Aprendí que son cual nerviosos pájaros
que bajan al suelo a buscar su alimento
y sólo se te acercan a muy pocos palmos
si te ven inmóvil, mirando y oyendo...
¡Ahí vienen! ¡Ya se acercan aquellos afectos
de amores febriles
que en las noches cómplices
las ávidas bocas bebieron mil besos!
¿Y aquella pequeña bandada de vivos recuerdos
que vuelan desde el alma
reclamando todos que el viejo cuaderno
los hile en doradas estrofas
de versos eternos?
Apurado el lápiz corre transcribiendo
detalles y notas que en pocos renglones
resistan al tiempo...
¡Espanto con ruido a los torvos halcones
de angustia y de duelo,
(porque la perdí, sé que para siempre).
No, ya no los quiero!
En las largas noches de fríos inviernos
escarbaron mi herida
en amargos desvelos!
Ya vuelvo a la celda de los diarios afanes.
¡Quién tuviera el tiempo de escribir cada día!
Volver al jardín y encender silencios
y cazar al vuelo a los fugaces versos
que tejan la trama de nuevas poesías...
Eduardo Morguenstern
Esta vez lo presentía- habría mucho más dolor.
Marqué frenético su número, me atendió el contestador.
Presuroso dejé todo y como un disparo corrí.
Ni semáforos ni frenos, estaba fuera de mí,
la rabia mordía mis labios, la boca seca bebió el sudor.
Llegué a su puerta, aullaba el timbre, grité que la abra
imaginando la macabra escena en el interior.
¡Por qué lo hiciste! ¡Por qué impulso loco lo hiciste!
En esa lluviosa noche, en esa noche tan triste,
yo no pude detenerla. La puerta nunca se abrió.
Eduardo Morguenstern
Mis amores no se duermen, niña,
velan todas las horas
tensas, acechadoras,
como velan las aves de rapiña
si se descuida su presa,
sin desviar su cabeza
y los ojos fijos como dos broches.
y te aman todo el día
con tal idolatría,
en un tono permanente y sin pausas,
a Dios en todo momento,
así, en mi firmamento
te adoro yo a tí, mi dulce desvelo...
atrayéndote a mí
y cumpliéndose así,
mis anhelos más hondos y santos ...








