Mensaje de bienvenida

En esta sección se ofrecen algunos cuentos de mi autoría. También encontrarás poemas, ensayos y opiniones varias. No pretendo "saber" escribir, más allá de lo aprendido en la escolaridad primaria y secundaria. Tampoco, advierto, tener "un mensaje" que trasmitir, pues creo que ya está escrito todo lo importante que deba decirse y que ello parece exigir una preparación o erudición de la que carezco. Me cae bien aquello que escribió Anthony de Mello en el "Canto del pájaro" y que dice algo así como que el pájaro canta porque es su naturaleza cantar, y no porque tenga un mensaje que trasmitir.

En mi caso, libre de decir que no asistí a clase alguna de escritura, lo hago, sin embargo, impelido por la tenaz presión de locos dáimones internos, que moran desordenadamente en los mundos infiernos de mi inconsciencia, contra los que pese a mis honestos esfuerzos nada consigo para evitarlo o poner algún orden. ¡Quién puede hacerlo!

Tal vez haya algo que pueda entretener al lector, tal vez sirva a algunos para ensayar la crítica, tal vez a algunos le resulte agradable alguna producción. Ninguna de esas opciones constituyen una meta por mi parte.

Serán valorados y muy respetados los comentarios que se envíen, cuando sean decorosos. Reciban mis deseos de paz y de todo lo mejor.

EAM.

jueves, 16 de febrero de 2012


ODAS A MARIANA 2


Cierro los ojos para ver en la luz cegadora de mi alma
tu rostro virginal, Mariana.

Cierro todas las puertas, las ventanas, los respiraderos,
para que no se escape tu olor a violetas, Mariana.

Permanece así, como te veo, libre, que no te alcance
la tentación, lejana, como un manojo de estrellas,
mi Mariana.

Cuando aparece el lucero en la mañana
soñolienta aun, fresca, temprana,
estás ahí, inalcanzable,
ahí, Mariana.

Cuando el sol en el poniente apaga
en horizontes sus rojos resplandores
y vuelve el lucero de la tarde
otra vez límpida y tibia tu luz,
tu luz, Mariana.

Te cantaré mis odas
durante cien siglos y más,
hasta que vuelvas, sueltos los lazos que te atan,
entre cuatro mil ángeles guerreros
y cuatro mil serafines que cantan,
y cuatro mil arcángeles, arqueros celestiales
que miles de flechas de luz azul disparan,
cantaré por tu regreso en gloria
por más de cien siglos,
te cantaré mis odas, Mariana.

Eduardo Morguenstern

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