Mensaje de bienvenida

En esta sección se ofrecen algunos cuentos de mi autoría. También encontrarás poemas, ensayos y opiniones varias. No pretendo "saber" escribir, más allá de lo aprendido en la escolaridad primaria y secundaria. Tampoco, advierto, tener "un mensaje" que trasmitir, pues creo que ya está escrito todo lo importante que deba decirse y que ello parece exigir una preparación o erudición de la que carezco. Me cae bien aquello que escribió Anthony de Mello en el "Canto del pájaro" y que dice algo así como que el pájaro canta porque es su naturaleza cantar, y no porque tenga un mensaje que trasmitir.

En mi caso, libre de decir que no asistí a clase alguna de escritura, lo hago, sin embargo, impelido por la tenaz presión de locos dáimones internos, que moran desordenadamente en los mundos infiernos de mi inconsciencia, contra los que pese a mis honestos esfuerzos nada consigo para evitarlo o poner algún orden. ¡Quién puede hacerlo!

Tal vez haya algo que pueda entretener al lector, tal vez sirva a algunos para ensayar la crítica, tal vez a algunos le resulte agradable alguna producción. Ninguna de esas opciones constituyen una meta por mi parte.

Serán valorados y muy respetados los comentarios que se envíen, cuando sean decorosos. Reciban mis deseos de paz y de todo lo mejor.

EAM.

lunes, 27 de febrero de 2012

EN LA ALCANTARILLA


1.

No sabía cuantos días hacía que estaba viviendo en las alcantarillas. Casi se estaba adaptando a las nauseabundas condiciones del escondite. La humedad permanente, la oscuridad aterradora si se alejaba unos metros de las bocacalles (a las que se acercaba para respirar mejor, pero con todo cuidado para no ser visto por alguien), las ratas, cientos de ratas que circulaban entre sus pies o a sus lados por las paredes del túnel, el espantoso olor hiriendo los pulmones permanentemente.



El tránsito incesante de la calle temblaba en el techo del túnel, salvo a la noche, cuando el oscuro laberinto se volvía frío y entonces se adormecía en el ático por donde pasa el manojo de cableado urbano subterráneo. El estómago, un volcán que rugía exigiendo material digerible: basura, restos de comida desechada, lo que sea. Sabía que debería empezar a comerse las ratas o éstas lo devorarían a él. En dos ocasiones salió con gran riesgo a la calle a buscar qué comer y encontró algo entre la basura, pero era muy probable que lo descubrieran. También en una oportunidad intentó seguir el curso de agua y salir al río, pero lo detuvo una profundización del piso, en que el nivel del líquido pestilente  de desechos cloacales, le daba a la barbilla y tuvo que retroceder.



Sabía que no podía demorarse mucho más, tarde o temprano lo encontrarían. Ya se sentía aturdido, afiebrado, cada vez más débil. Debía seguir intentando otros rumbos, a riesgo de perderse o toparse con desagradables sorpresas, como empleados de servicios públicos trabajando en algún nivel de esos húmedos infiernos...



2.

Trataba de rebobinar cómo comenzó todo. Siendo profesor de matemáticas, no pudo evitar el interés por la Cábala. Pronto le interesó el estudio de los 72 nombres de Dios, Shem Ha Mephorasch, en sus combinaciones de tripletes de 72 letras hebreas formando  los nombres de los ángeles o genios rectores, que obedecen al mago para manipular la materia y la energía, las fuerzas de la vida.



Apasionado por la  Geometría Sagrada, los intrincados misterios del número phi o “Número Áureo”, la "proporción áurea" de Fibonacci, y la espiral logarítmica llamada "espiral maravillosa" omnipresentes en el Universo: en los espirales de las Galaxias, las órbitas planetarias, los golfos, las bahías, las cadenas montañosas, las curvas que el viento construye en las dunas del desierto. Aparecen en las formas y proporciones de los vegetales, como el diseño en la distribución  de las piñas o el girasol, los animales, de los cuales la más artística expresión aparece en los caracoles fósiles amonites y el actual nautilus. Combinaciones de esta geometría sagrada sirvieron en el diseño de los templos y gigantescos monumentos de las eras remotas, y los templos sagrados de edad más cercana, en la arquitectura griega y luego medieval y renacentista, en el arte de Miguel Ángel, Leonardo, más aquí, los ocultistas Gaudí y en música, la escala aplicada por Debussy en Reveriè y el Preludio a la siesta del fauno y Eric Satie en sus Gnossiennes, entre otros.





Entendió que estas mismas ecuaciones estaban disfrazadas en los libros sagrados, como los Rig Veda de la India, en el Génesis escrito en clave por Moisés, verdadero código cabalístico mal traducido al hebreo popular y luego al griego, perdiéndose así las claves cósmicas originales. Ellas fueron rescatadas por los filólogos hebraístas como Fabre D’Olivet  y Saint Yves D’Alveydre. Fueron celosamente veladas en el Martinismo, la Masonería y la Gnosis Rosa Cruz.



El sabio manejo de estos Misterios podían generar el dominio mundial. Ya los poseyó  Alejandro el Grande y luego Napoleón, que los encontró en Egipto y los completó tomando de los Archivos del Papado los misterios Templarios y lo movieron a las grandes conquistas. Otro tanto pasaría luego con el trastornado Hitler, que reencontró las pistas en las logias de “la Sociedad de Thule” a laque perteneció antes de apoderarse de Alemania para dominar el mundo, proyecto felizmente frustrado. 



3.

Las ideas en su mente giraban como un enloquecido carrusel. Sí, era indudable que el sabio manejo de todas esas claves de las matemáticas y de la geometría sagrada, secretas para la gran mayoría,  aseguraba a cualquier potencia el control mundial.



Todo el Universo se rige por ellas, queda claro. Tenía razón el gran Pitágoras cuando aseguró que “Dios geometriza”. Todo en el vasto Cosmos se rige por la Suprema Ley de la medida y la proporción. Era una verdad incontrovertible que el dominio del número confiere poder divino.  Esa es la verdadera clave de Arquímedes. “Dame un punto de apoyo y moveré el mundo” no se refería solo a  la palanca. La verdadera palanca es el conocimiento matemático y las combinaciones de la proporción, el ritmo, la vibración. Aritmética y Geometría produjeron el “Kibalión”, entregado al mundo en las Tablas Esmeraldinas de Hermes Trismegisto. El Número permitió a Eratóstenes de Alejandría medir el perímetro del planeta ¡sólo con dos postes y una cuerda!   El número y el cálculo trajeron la Astronomía, el descubrimiento del Nuevo Mundo, pusieron al hombre en la Luna, nos acercó el confín de la Vía Láctea, le trajeron  piedras desde Marte recientemente y mucho más...



El fugitivo vio, como algunos también lo ven pero callan, que hoy Ellos manejan el conocimiento numérico arcano con máxima precisión y lo aplican al cálculo de las matemáticas de población en relación a los recursos naturales. . La moderna estadística fractal en Sociología y a la Demografía   Malthusiana les indica que es  necesario reducir el número de habitantes terrestres. Es acuciante dominar el planeta de modo que baje el consumo mundial, pues los siete mil millones de humanos son sumamente onerosos para la Tierra. Las aplicaciones de las series de Fibonacci a los logaritmos y ecuaciones en Economía y Estadísticas mundiales dan un veredicto de exterminio global de la humanidad. No hay otra. Para salvarse los pocos deben desaparecer los muchos. “En el barco no hay lugar para todos”.



Empezaron por la globalización, la creación de La Deuda mundial, el control de la economía planetaria. Ellos gobiernan por encima de los gobiernos nacionales elegidos en democracias de pantomima. Se apoderan de todos los países y compran las voluntades traidoras de los locales gobernantes.



Para Ellos, evidentemente, el pueblo es por naturaleza ignorante, estúpido y potencialmente violento (si obstaculizan sus planes). El mundo debe ser gobernado por una minoría esclarecida que se reserve todos los recursos y beneficios para su propio crecimiento y bienestar indefinidamente.



Biológicamente siembran virus nuevos como el Sida, el Évola, la Gripe Aviar, la Porcina. Traen de vuelta enfermedades que ya se habían eliminado, como el cólera, el dengue, quedando en su poder exclusivo las fuentes para fabricar vacunas que ya nadie puede producir en el mundo, como la viruela, capaz de exterminar la población mundial en meses. Ellos tienen reservorios exclusivos de genes tanto para destruír vida como para reparar vidas según la conveniencia.



Ellos y sus esbirros manipulan la información social y la educación que se ofrece al mundo. El conocimiento escolar y universitario se relativiza, se cambia la historia, se miente, se tergiversa, se relativiza culturalmente todo. Hoy se proclama que “no existe una verdad, sino una variedad y diversidad de verdades”, que es “imposible” la objetividad y la “racionalidad”, supuestamente estamos en el “fin de la historia” y también han modificado las ideologías sobre la ciencia, Dios, la cultura, el hombre, la familia. Todo está bajo su omnímodo control y a sus fines.



4.

El gran error personal, su error fatal, admitió el hombre del escondite, fue pretender difundirlo, clamar al mundo la advertencia, como hiciera Juan el Bautista, “la voz de uno que clama en el desierto”.



Gritar lo que todos ven, pero callan. Error fue asumir la propuesta “revolucionaria”, “concientizadora” desde la red, denunciándolo en sus múltiples comentarios en todos los sitios que pudo. Desde su humilde computadora pretendió atacar, se dijo, el poder mundial. ¡Quién iba a reparar en él! Los Amos del Universo no se impacientarán ante una mosca, como las tolera indiferente el colosal león en la sabana. “Aquila non capit muscas” dijo Julio César.



5.

Primero lo sancionaron en la red social, suprimiéndole los nuevos pedidos de amistad. Luego los comentarios. Luego le prohibieron publicaciones.



Después le intervinieron el teléfono y el móvil.



Después empezaron a seguirlo en autos y de a pie. Sin interpelarlo.



Después sintió ruidos en los techos.



Después ningún amigo quiso refugiarlo en su casa.



Después debió esconderse en la alcantarilla.



¿Qué hacer? Pensó, debilitado, enfermo. ¿Cómo sigo? ¿Me entregarán al manicomio a perpetuidad? No son tan piadosos… ¿o me espera un  plomo en la cabeza? Se preguntaba una y otra vez, mientras pateaba las hambrientas ratas que le mordisqueaban los pies y piernas, cada vez más agotado...




E.A. Morguenstern





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