1.
No sabía cuantos días hacía que estaba
viviendo en las alcantarillas. Casi se estaba adaptando a las nauseabundas
condiciones del escondite. La humedad permanente, la oscuridad aterradora si se
alejaba unos metros de las bocacalles (a las que se acercaba para respirar
mejor, pero con todo cuidado para no ser visto por alguien), las ratas, cientos
de ratas que circulaban entre sus pies o a sus lados por las paredes del túnel,
el espantoso olor hiriendo los pulmones permanentemente.
El tránsito incesante de la calle temblaba
en el techo del túnel, salvo a la noche, cuando el oscuro laberinto se volvía
frío y entonces se adormecía en el ático por donde pasa el manojo de cableado
urbano subterráneo. El estómago, un volcán que rugía exigiendo material
digerible: basura, restos de comida desechada, lo que sea. Sabía que debería
empezar a comerse las ratas o éstas lo devorarían a él. En dos ocasiones salió
con gran riesgo a la calle a buscar qué comer y encontró algo entre la basura,
pero era muy probable que lo descubrieran. También en una oportunidad intentó
seguir el curso de agua y salir al río, pero lo detuvo una profundización del
piso, en que el nivel del líquido pestilente
de desechos cloacales, le daba a la barbilla y tuvo que retroceder.
Sabía que no podía demorarse mucho más,
tarde o temprano lo encontrarían. Ya se sentía aturdido, afiebrado, cada vez
más débil. Debía seguir intentando otros rumbos, a riesgo de perderse o toparse
con desagradables sorpresas, como empleados de servicios públicos trabajando en
algún nivel de esos húmedos infiernos...
2.
Trataba de
rebobinar cómo comenzó todo. Siendo profesor de matemáticas, no pudo evitar el
interés por la Cábala. Pronto le interesó el estudio de los 72 nombres
de Dios, Shem Ha Mephorasch, en sus combinaciones de tripletes de 72
letras hebreas formando los nombres de
los ángeles o genios rectores, que obedecen al mago para manipular la materia y
la energía, las fuerzas de la vida.
Apasionado por
la Geometría Sagrada, los
intrincados misterios del número phi o “Número Áureo”, la
"proporción áurea" de Fibonacci, y la espiral logarítmica llamada
"espiral maravillosa" omnipresentes en el Universo: en los espirales
de las Galaxias, las órbitas planetarias, los golfos, las bahías, las cadenas
montañosas, las curvas que el viento construye en las dunas del desierto.
Aparecen en las formas y proporciones de los vegetales, como el diseño en la
distribución de las piñas o el girasol,
los animales, de los cuales la más artística expresión aparece en los caracoles
fósiles amonites y el actual nautilus. Combinaciones de esta geometría sagrada
sirvieron en el diseño de los templos y gigantescos monumentos de las eras
remotas, y los templos sagrados de edad más cercana, en la arquitectura griega
y luego medieval y renacentista, en el arte de Miguel Ángel, Leonardo, más
aquí, los ocultistas Gaudí y en música, la escala aplicada por Debussy en
Reveriè y el Preludio a la siesta del fauno y Eric Satie en sus Gnossiennes,
entre otros.
Entendió que
estas mismas ecuaciones estaban disfrazadas en los libros sagrados, como los
Rig Veda de la India, en el Génesis escrito en clave por Moisés, verdadero
código cabalístico mal traducido al hebreo popular y luego al griego,
perdiéndose así las claves cósmicas originales. Ellas fueron rescatadas por los
filólogos hebraístas como Fabre D’Olivet y Saint Yves D’Alveydre. Fueron celosamente
veladas en el Martinismo, la Masonería y la Gnosis Rosa Cruz.
El sabio manejo
de estos Misterios podían generar el dominio mundial. Ya los poseyó Alejandro el Grande y luego Napoleón, que los
encontró en Egipto y los completó tomando de los Archivos del Papado los
misterios Templarios y lo movieron a las grandes conquistas. Otro tanto pasaría
luego con el trastornado Hitler, que reencontró las pistas en las logias de “la
Sociedad de Thule” a laque perteneció antes de apoderarse de Alemania para
dominar el mundo, proyecto felizmente frustrado.
3.
Las ideas en su
mente giraban como un enloquecido carrusel. Sí, era indudable que el sabio
manejo de todas esas claves de las matemáticas y de la geometría sagrada,
secretas para la gran mayoría, aseguraba
a cualquier potencia el control mundial.
Todo el Universo
se rige por ellas, queda claro. Tenía razón el gran Pitágoras cuando aseguró
que “Dios geometriza”. Todo en el vasto Cosmos se rige por la Suprema
Ley de la medida y la proporción. Era una verdad incontrovertible que el
dominio del número confiere poder divino. Esa es la verdadera clave de Arquímedes. “Dame
un punto de apoyo y moveré el mundo” no se refería solo a la palanca. La verdadera palanca es el
conocimiento matemático y las combinaciones de la proporción, el ritmo, la
vibración. Aritmética y Geometría produjeron el “Kibalión”, entregado al mundo
en las Tablas Esmeraldinas de Hermes
Trismegisto. El Número permitió a Eratóstenes de Alejandría medir el perímetro
del planeta ¡sólo con dos postes y una cuerda!
El número y el cálculo trajeron la Astronomía, el descubrimiento del
Nuevo Mundo, pusieron al hombre en la Luna, nos acercó el confín de la Vía
Láctea, le trajeron piedras desde Marte
recientemente y mucho más...
El fugitivo vio,
como algunos también lo ven pero callan, que hoy Ellos manejan el conocimiento
numérico arcano con máxima precisión y lo aplican al cálculo de las matemáticas
de población en relación a los recursos naturales. . La moderna estadística fractal
en Sociología y a la Demografía Malthusiana
les indica que es necesario reducir el
número de habitantes terrestres. Es acuciante dominar el planeta de modo que
baje el consumo mundial, pues los siete mil millones de humanos son sumamente
onerosos para la Tierra. Las aplicaciones de las series de Fibonacci a los
logaritmos y ecuaciones en Economía y Estadísticas mundiales dan un veredicto
de exterminio global de la humanidad. No hay otra. Para salvarse los pocos
deben desaparecer los muchos. “En el barco no hay lugar para todos”.
Empezaron por la
globalización, la creación de La Deuda mundial, el control de la economía
planetaria. Ellos gobiernan por encima de los gobiernos nacionales elegidos en
democracias de pantomima. Se apoderan de todos los países y compran las
voluntades traidoras de los locales gobernantes.
Para Ellos,
evidentemente, el pueblo es por naturaleza ignorante, estúpido y potencialmente
violento (si obstaculizan sus planes). El mundo debe ser gobernado por una
minoría esclarecida que se reserve todos los recursos y beneficios para su
propio crecimiento y bienestar indefinidamente.
Biológicamente
siembran virus nuevos como el Sida, el Évola, la Gripe Aviar, la Porcina. Traen
de vuelta enfermedades que ya se habían eliminado, como el cólera, el dengue,
quedando en su poder exclusivo las fuentes para fabricar vacunas que ya nadie
puede producir en el mundo, como la viruela, capaz de exterminar la población
mundial en meses. Ellos tienen reservorios exclusivos de genes tanto para
destruír vida como para reparar vidas según la conveniencia.
Ellos y sus
esbirros manipulan la información social y la educación que se ofrece al mundo.
El conocimiento escolar y universitario se relativiza, se cambia la historia,
se miente, se tergiversa, se relativiza culturalmente todo. Hoy se proclama que
“no existe una verdad, sino una variedad y diversidad de verdades”, que es
“imposible” la objetividad y la “racionalidad”, supuestamente estamos en el
“fin de la historia” y también han modificado las ideologías sobre la ciencia,
Dios, la cultura, el hombre, la familia. Todo está bajo su omnímodo control y a
sus fines.
4.
El gran error
personal, su error fatal, admitió el hombre del escondite, fue pretender
difundirlo, clamar al mundo la advertencia, como hiciera Juan el Bautista, “la
voz de uno que clama en el desierto”.
Gritar lo que
todos ven, pero callan. Error fue asumir la propuesta “revolucionaria”,
“concientizadora” desde la red, denunciándolo en sus múltiples comentarios en todos
los sitios que pudo. Desde su humilde computadora pretendió atacar, se dijo, el
poder mundial. ¡Quién iba a reparar en él! Los Amos del Universo no se
impacientarán ante una mosca, como las tolera indiferente el colosal león en la
sabana. “Aquila non capit muscas” dijo Julio César.
5.
Primero lo
sancionaron en la red social, suprimiéndole los nuevos pedidos de amistad.
Luego los comentarios. Luego le prohibieron publicaciones.
Después le
intervinieron el teléfono y el móvil.
Después empezaron
a seguirlo en autos y de a pie. Sin interpelarlo.
Después sintió
ruidos en los techos.
Después ningún
amigo quiso refugiarlo en su casa.
Después debió
esconderse en la alcantarilla.
¿Qué hacer?
Pensó, debilitado, enfermo. ¿Cómo sigo? ¿Me entregarán al manicomio a
perpetuidad? No son tan piadosos… ¿o me espera un plomo en la cabeza? Se preguntaba una y otra
vez, mientras pateaba las hambrientas ratas que le mordisqueaban los pies y
piernas, cada vez más agotado...
E.A. Morguenstern
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