LOS PASAJEROS
DEL ARCA
Eduardo A.
Morguenstern
Sus manos embetunadas parecían dos voluminosos
guantes de box por la pasta de petróleo arcilloso y no pudo sacarse el sudor
que caía a mares sobre su rostro y se deslizaba por la copiosa barba blanca. El
bueno de Noé se permitió el descanso. Enjuagó sus manos pacientemente con agua
y arena y lavó su gran cabeza. Se sentó a la sombra del arca y comió pan
y queso. Miró su obra satisfecho. Estaba en la última etapa. Ahora calafateaba
las juntas de madera con lana de oveja y betún de petróleo extraído de las
grietas húmedas de las rocas del suelo de Irania.
Confiaba en Dios con todo su corazón. Y si el
Ángel de YAVË le dijo que no vendrían las lluvias hasta que terminara el Arca
y los reuniera a todos, no había que temer. Miró el cielo azul profundo
de Mesopotamia. Gigantes montañas de cúmulus blancos y grises profundos
bailaban vertiginosamente formando cambiantes figuras grotescas. Últimamente
alternaban días de violentas lluvias con otros en que el furioso viento
arrastraba las nubes para aparecer un sol aún más ardiente que antes. Muy
frecuentemente los truenos acompañaban el ritmo del mazo del improvisado
armador naval...
Un mes después diluvió y fue la mayor catástrofe
planetaria, tanto que fue registrada en todas las antiguas tradiciones de las
civilizaciones que hoy se conocen, tanto en el norte como en el sur. Pronto el
desierto, praderas y montañas quedaron tras los devastadores torrentes bajo un
océano, pero en la gran barca de Noé, su familia, y todas las incontables
variedades de granos, raíces y animales que YAVË le permitió reunir estaban a
salvo. Pasaron incontables días de una incesante y desoladora lluvia, que
parecía que iría a durar para siempre. Fuera del Arca nada se salvó.
O casi nada. Porque –y sin que ninguna
tradición de ningún pueblo de cualquier hemisferio lo explique- lograron, de
entre los condenados, salvarse los descendientes de TUBALKAÍN, Padre de la
Industria y la Técnica, quienes juraron eterna venganza contra YAVË, Noé y su
descendencia, al no haberles permitido subir aquel día al Arca. Dañarían o
destruirían toda la Creación. Tomarían revancha, tendrían su propio Diluvio...
Siglos después, los hijos de sus hijos,
(influidos por poderosos egrégores vengativos que habitaban los Qliphot) usaron
su inteligencia para la venganza. Llegaron a desarrollar la fuerza del vapor de
agua y revolucionaron la Industria (ello llevó a una injusta distribución de
las riquezas, por lo que la humanidad en su mayoría se esclavizó o se vendió
por necesidad o por ambición). Luego descubrieron cómo liberar la energía del
átomo y crearon las bombas nucleares y los ensayos atómicos en los cielos o en
los desiertos y las centrales atómicas que producen escapes nucleares como en
Chernobyl. Ello generó otro Diluvio, el de radiación ionizante y
radicales libres de Estroncio 90 y Fósforo 32, que producen cáncer de hueso y
de piel y leucemia, y oncogenes letales incontables... La lluvia ácida mata las
praderas que mañana serán desiertos y las fábricas vierten sus desechos tóxicos
en ríos y mares, alterando los ciclos biológicos. Su eterna sed de venganza aún
mata a garrote (para no dañar la codiciada piel) de focas, zorros, armiños y
osos. Desarrollaron exquisitas armas de caza menor y mayor para agregar
día por día nuevas especies de animales a la lista negra de “en extinción”.
Como marabuntas famélicas dilapidan los bosques de Amazonia para asfixiar al
planeta y los aerosoles corroen la capa de ozono para que aumente el calor
terrestre en forma incesante. Últimamente han logrado profanar el Templo
viviente del núcleo celular, panel de control del Espíritu Santo manipulando
los cromosomas “por interés en el desarrollo biotecnológico” y la ingeniería
genética genera especies nuevas de virus como el VIH, especies bacterianas y
fúngicas que son nuevas y resistentes (se pregona su uso biomédico, pero no que
tendrán uso bélico genocida) y se desarrollan clones que darán lugar quiénsabe
a cuantas especies ni para qué ni con qué usos...
Mientras tanto, los hijos de los hijos de Noé,
ensayan mejorar Arcas Galácticas y los nuevos pasajeros del arca, genes de
todas las especies vegetales, animales y humanas, viajan por el espacio
buscando un horizonte de promisión, proa a la Esperanza...
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