Esas vagas, errantes melodías,
aún me siguen, van de mi sombra en pos,
por el mudo desierto de los días
en que mis pasos miles cuenta el sol...
Hieren el alma los recuerdos, niña,
fragantes aromas de aquel dulce amor
¡Cariñosos aires de pasados días
con los tiernos besos de tu boca en flor!
Y aunque yermo ahora aquel jardín florido
en que la tórtola amaba a su gorrión
se encuentre hoy tan húmedo y sombrío,
condenado al silencio de tu voz
Vuelven a mi alma cabalgando en brisas
cual espejismos de este desierto ardiente
las vibrantes campanitas de tu risa,
y de tus ojos la luz resplandeciente.
Y entonces como llovizna generosa
que lavando mi faz tan polvorienta
tu recuerdo me cae como frescas gotas
que alivian mis pasos por la arena y piedras...
EDUARDO MORGUENSTERN
Marzo 12 de 2010
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